27 de septiembre de 2013

Azul

Azul (Sacré Bleu, 2012)
Christopher Moore, Minotauro, Fantasía, 19,95€

no hay imagenEs el color del manto de la Virgen María, el intenso pigmento deseado por los artistas, un exquisito tono marcado por el peligro, la aventura e incluso lo sobrenatural. Es AZUL.

En julio de 1890, Vincent van Gogh se dirigió a un campo de maíz y se pegó un tiro. ¿En serio? ¿Qué artista intentaría quitarse la vida en la cima de su carrera y luego andaría más de un kilómetro buscando ayuda? ¿Y qué pintaba en todo esto el hombrecillo retorcido que perseguía a Van Gogh por toda Francia? ¿Y por qué en la última época de su vida el pintor sentía pánico ante la mera visión de un cierto tono de azul?

Éstos son sólo algunos de los enigmas a los que se enfrentarán los amigos de Vincent: el antiguo-panadero-ahora-pintor Lucien Lessard y el bon vivant Henri Toulouse-Lautrec, quienes juran descubrir la verdad acerca de la prematura muerte de Van Gogh, aunque eso suponga descender a los infiernos de todos y cada uno de los burdeles de París.

Oh là là, quelle surprise y zut alors! Una combinación magnifique de intriga, pasión y arte, aderezada con bailarinas de can can, baguettes y el mejor coñac. Azul es otra obra maestra llena de ingenio y sorpresas de la mano del único, el inigualable, Christopher Moore.





Para estar tan acostumbrada a la fantasía me ha resultado un libro de lo más curioso. No es fantasía completa, es decir, no la fantasía de un mundo nuevo con su sociedad única lleno de criaturas, magia y elementos inexistentes.

Lo único inexistente en ese libro en nuestro mundo es el color azul.

Como la sinopsis me parece un poco confusa señalaré que lo importante de la misma es el hombrecillo retorcido que persigue a Van Gogh y los amigos del pintor (ellos también pintores) que se encargarán de averiguar quién es dicho hombrecillo en realidad. A grandes rasgos, de eso trata el libro.

Ahora, más en detalle, decir que, aunque en conjunto el libro me parece un buen libro, por separado hay partes que me han gustado más y partes que me han gustado menos.

Empezaré diciendo las cosas buenas: una idea interesante, una historia con final (es que sigue sin convencerme la moda de los finales tan abiertos que no resuelven nada), bien escrita y una gran investigación detrás de la obra.

Me gusta el misterio del azul, crear ese halo de incertidumbre y reverencia sobre el color, como si no solamente fuera caro, sino algo más, algo que el ser humano, con sus limitaciones biológicas, no pudiera comprender jamás, algo a lo que no puede aspirar. Y como bien dice el autor, en cuanto a historia está muy bien delimitada. Podría haberse limitado a divagar para expresar esta idea, pero no, cuenta una historia y la cuenta bien.

Alrededor de 1890, París era un centro de atracción para la gran mayoría de artistas (sean pintores, escritores o qué sé yo), y el autor aprovecha este hecho para introducirnos muchas figuras famosas de la época.

Tenemos a nuestros protagonistas, Toulousse-Lautrec y Lucien Lessard, y es obvio que la familia Van Gogh también es mencionada. Pero también aparecen Renoir, Manet, Pissarro, Cézanne (aunque este último poquito) y algunos más, incluso hay una breve aparición de un escritor inglés.

En cuanto a estas apariciones, para mí son un arma de doble filo. En un sentido me gustan, están bien documentadas y al final del libro hay un postfacio (palabra nueva para mí, por cierto) que habla del tema. Es divertido ver a pintores famosos relacionarse entre ellos y leer diversas teorías sobre lo que inspiró sus mejores obras. Amén de que el libro representa muy bien el hecho de que la mitad de grandes artistas se suicidaran, estuvieran locos o cualquier otra cosa.

Pero a veces, estas apariciones se me hacían excesivas, como si sólo estuvieran en el libro porque Moore se ha molestado en buscar la información y ya que se ha tomado esas molestias tiene que emplearla, como si de otro modo hubiera sido trabajo en balde. Y quizás, hubiera sido mejor así.

Un pensamiento similar es al que me refiero sobre su modo de escribir. Sí, escribe bien, sí, hila bien la historia, pero hay dos pequeñas cosas que me han gustado menos. La primera es que salta muchísimo en el tiempo, vale que a principio de cada capítulo te indica la fecha de la acción, pero sin conocer a los personajes, tanto salto es un lío. Y cuando los conoces, es cuando la historia es más seguida. Para mí ha sido un pequeño caos.

Lo segundo es que lo que dice la sinopsis de su estilo irónico es cierto. Demasiado cierto. Hay sarcasmos e ironías que están muy bien, son coherentes y son una puntilla en el libro que te hacen sonreír e incluso soltar una pequeña carcajada. Pero muchas otras me han dado la impresión de que estaban ahí simplemente porque Moore quería, bien demostrar lo ingenioso que es, bien meter un sarcasmo cada dos o tres páginas como mucho.

En su defensa, a pesar de que muchos no me han hecho gracia, diré que los diálogos son muy rápidos y fluidos. No dudo que el autor tiene una rapidez de pensamiento genial, aunque a veces, a mí me parezca que abuse de esa técnica.

Resumiendo diré que el libro me ha gustado, que no es un libro que yo me leería de una sentada, pero que a pesar de todo no es denso, se lee fácilmente y mezcla un toque histórico con un toque original.

Para mi gusto no es la obra genial que la contraportada señala, simplemente un libro que está bien. Ahora bien, como no te interese la pintura ni los pintores impresionistas, mejor olvídate de este libro, porque de eso tienes un montón.


PUNTUACIÓN: 7/10

Esta reseña se publicó originalmente en Crónicas de los Reinos.

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