22 de noviembre de 2013

Buenos presagios

Buenos Presagios (Good Omens, 1990)
Terry Prattchet y Neil Gaiman, DeBols!llo, Fantasía, 8.95€

no hay imagenSegún Las Buenas y Acertadas profecías de Agnes la Chalada Bruja (el único libro fiable de profecías, escrito en 1655, antes de que ella explotara), el fin del mundo tendrá lugar el sábado. El próximo sábado, para ser exactos. Justo antes de la hora de la cena. Los ejércitos del Bien y del Mal se están agrupando, la Atlántida está resurgiendo, llueven sapos y los ánimos están algo alterados así que... todo parece ajustarte al Plan Divino. De no ser por un ángel quisquilloso y un demonio buscavidas que han vivido a costa de los mortales desde el comienzo de los tiempos y que no están dispuestos a aceptar tan fácilmente eso del Fin de la civilización tal y como la conocemos. Y... ¡vaya por Dios! ¡Parece que alguien ha hecho desaparecer al Anticristo!




Hace tiempo reseñé un libro que hablaba del fin del mundo, de cómo el Sol se convertía en una gigante roja y la Tierra desaparecía. Este libro trata casi casi sobre lo mismo, sólo que eso del apocalipsis, en vez de ser el punto de partida, es más bien algo así como el desenlace; y más que darte una explicación científica sobre este hecho, más bien te habla de ángeles y demonios, el cielo y el infierno. Y por último, que este libro no se toma muy en serio a sí mismo. Pero ni una pizca.

Si os suena un poco el nombre de Terry Prattchet seguro que sabéis que es el autor de la saga de Mundodisco, fantasía donde las historias van acompañada de una sucesión de chistes inagotables y personajes de lo más variopintos y absurdos. Pues aquí se nota esa mano en todos y cada uno de los personajes del libro.

Desde la bruja que escribió un libro de profecías de lo más acertadas, hasta el ángel y el demonio que conviven con la humanidad siendo un poco más como estos y menos como las entidades celestiales (o infernales, según el caso) que deberían ser. Incluso los jinetes del apocalipsis, con todo el temor y mal que siembran, pueden hacerte esbozar una sonrisa, y es que todo está expresado con un gran sentido del humor.

Esto es bueno para un libro de estas características, claro, que por contrapartida significa que no se puede encontrar una historia especialmente rebuscada y personajes con los que vayas a identificarte, todos son grandes caricaturas de uno o varios rasgos humanos, normalmente exagerados y estirados hasta el límite.

Es cierto que tiene unas cuantas frases memorables, y que el libro está lleno de pequeños matices y referencias al mundo real (aunque la mayoría de los chistes me temo que solo los entienden los habitantes de Gran Bretaña), así como notas a pie de página de lo más hilarantes, tanto que a veces superan el fragmento al que se refieren.

En todo esto, tanto en referencias como idea general de la historia, sí puedo ver la mano de Gaiman ahí, al menos por lo que he leído de él, le gusta más escribir este tipo de historias, con sus demonios y un Londres un tanto peculiar de fondo (como digo, quien dice Londres, dice Inglaterra), por no olvidar que la idea original es suya, como admiten ambos autores, y eso, quieras que no, se nota.

En conclusión, es un buen libro para entretenerse, tiene muchas ideas, buenas la mayoría, y muchas ganas de divertirse. Al menos parece que los autores se lo pasaron pipa escribiendo el libro (al final del mismo cuentan un poco las peripecias por las que tuvieron que pasar) y yo, como lectora, también he pasado un buen rato leyéndolo. Creo que, tanto a fans de uno u otro autor, gustará el libro: tiene mucho de ambos.


PUNTUACIÓN: 7/10

Esta reseña se publicó originalmente en Crónicas de los Reinos.

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